Relato ·
Pasado, presente y yo
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Certamen Científico Literario Primo Levi “Pasado, presente y yo”
Tema: El Vidrio.
Cuando era arena me encantaban los rayos de sol de mi hogar y el sonido de las olas del mar, que al parecer solo el uno por ciento de mi familia de vidrio visitará. No recuerdo mucho de aquel cortesano que me creó en su rústico horno de carbón con un poco de potasa y cal, pues al principio yo no era nada para él y nada para mí, únicamente danzaba en un vacío de creación hasta que todo se fue uniendo. Primero los cuarks y luego fueron los neutrinos con los bosones que seguían el paso del baile a su ritmo y luego, fui yo.
Me bautizaron como la más hermosa de sus “botellas”, con un color que no tendría nada que envidiarle a ese efecto que hacía en la retina humana los rayos de luz reflejados por las esmeraldas. Sin embargo, es hoy cuando los relatos de mi vida acaban a manos del bellaco y ruin creador, Sir Kenelm Digby, que con un mal juego de manos se declara mi primer asesino. Y digo primero, pues cuando pensé que me había fragmentado sin solución, me reciclaron, y así una y otra vez. No estoy seguro de todos mis finales, pero sí sé que al igual que el ave fénix, el inicio de mi siguiente vida lo marca una legendaria y ardiente luz que moldea mi destino.
Puede que yo no tenga vida como tal, que sea inerte y demás, pero he vivido en miles de formas y mi destino final parece no estar escrito todavía. Fui copa de rey, reloj de princesa y parte de unas gafas que con mil golpes siguen ilesas. He cambiado de tamaños, usos, composición y color, aunque nunca olvidaré aquel verde de mi primera vida, mucho mejor que el color de la envidia que me tienen los gatos con sus limitadas siete vidas, novatos.
En cierto sentido, toda persona puede vivir más de una vida, como aquella descuidada dueña de gafas que leyó mil y un libros conmigo arriba. Ella no lo sabía, pero yo había vivido muchas más historias que las que aquellas hojas contenían. Me di cuenta de que formábamos la simbiosis perfecta cuando por primera vez pude observar de nuevo la playa de mi hogar. A cambio, yo curvaba la luz para que ella pudiera seguir investigando sobre los químicos de aquel mar que durante tanto tiempo me arropó. Muchas veces me preguntaba el porqué de la transparencia de su agua, hoy, me sentía culpable al ver como el paso de los años humanos le había arrebatado esa característica.
Décadas después, me convertí en algo similar a mi primera forma, aunque esta vez me llamaron “botellín”, supongo que al igual que los humanos con los años había perdido algo de tamaño. Fue en ese instante, absorta en mis pensamientos sobre mis orígenes y de aquel asesino de la corte que una vez me arrancó mi primera vida, que me di cuenta de que, bajo mi habilidad de tener infinitas vidas, él no me había quitado nada. Fue una bonita reflexión, ojalá me hubiera dado cuenta antes, porque ahora, mientras la música de aquella fiesta adolescente se ahogaba con el sonido del vasto fondo marino y mi futuro era arrancado por un verdadero asesino, solo podía pensar que si no me reciclaban no podría vivir más, ¿verdad? Finalmente, nada más quedó mi pasado, mi presente… y yo.